No es un año más. Es el año, extraño y peculiar, en el que nos toca renunciar a muchas más cosas de las que cabía esperar. ¡A las más importantes!
Se acerca la Nochebuena,
y la segunda oleada está en pleno auge. Con toda probabilidad, habrá gente que
se quede a las puertas de la vacuna…, por el virus, por una enfermedad
cualquiera, porque era su hora…, porque hay gente que se ha ido de fiesta o
necesitaba desconectar.
¿Y, quien no? Cada época
trae y lleva su propio afán y esta que nos toca vivir, nos induce a pensar cómo
y cuándo podemos alcanzar ese respiro tan necesario, sin perjudicar a nuestros
seres queridos.
¡Hagámoslo, reflexionemos!
Aunque, tengamos cuidado con lo que deseamos, porque el tiempo, tarde o
temprano nos lo concede. Os pongo un ejemplo:
Todos los años, como un mantra heredado, oímos y repetimos: “¡puf, otra vez las fiestas navideñas, cada año las odio más, demasiado trabajo, que agobio, ojalá ya hubieran pasado!” ¿Cierto? Hete aquí que el 2020, nos ha concedido este deseo.
Pasó adviento y tras
él, la anunciada Natividad. No viene desnuda, ni vacía de contenido, sino llena
de esperanza porque La Venida no es en vano.
Después de todas las
calamidades que hemos vivido hasta ahora, deseo que consigamos vencer el
desánimo y encontremos lo positivo en la adversidad de cada uno. Y, sobre todo, querido lector, no olvides que
la luz de la Navidad, también eres tú.
¡Feliz Navidad! Y, ¡Quédate
en casa!
Fotos: mis archivos
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