"Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra".

James Russell Lowell (1819- 1891),

poeta y crítico estadounidense





viernes, 13 de abril de 2018

El nevero



La ansiedad se le apoderaba y decidió dejar el lápiz sobre el escritorio. Acompañada por su malestar,  se fue a recorrer  el monte de abetos y encinas; la hojarasca cubría el camino en forma de un policromado  manto  de rojos y ocres dorados. Inertes. Así lo veía ahora. Quizá por eso, no había sido capaz de dibujar los primeros trazos del cuento que se suponía, comenzaba  en   aquel maravilloso sendero  lleno de buenos recuerdos. 
Su mente vacía, caminaba por la inercia de su cuerpo cansado y sudoroso. Podía percibir cómo sus poros diluían la savia  por su piel igual que la resina rebosada por los troncos. Había perdido su néctar.
Lo tenía todo, y nada a la vez.  Aquella vívida luz que le había guiado  otrora, se había apagado.  Fechas que se fueron…, otras por llegar y que se  irían igualmente sin equipaje,   se habían convertido en la espada de Damocles que no le dejaba pensar. No podría presentarse al certamen de “el premio Limón”, que estaba próximo a celebrarse.
Tropezó en las raíces ocultas por la hojarasca y  rodando, aterrizó a los pies de un conocido nevero. « ¡Eureka! Te he encontrado. Tantas veces como he venido a buscarte y había pasado de largo, por lo que veo» —pensaba mientras se sacudía la tierra,  hojas y ramas que habían penetrado hasta   su fina lencería.
 Atónito por el  hallazgo, entró en la reconstruida cavidad,  que en otros tiempos había albergado la nieve suficiente para conservar los alimentos y medicinas de condes y reyes… Se sentó al amor de una raya de sol entrante y el tiempo no tuvo medida.
Cuando regresó encontró el folio maculado por dos círculos bordeados de un relieve reseco y  salado,  que llenaban todo el espacio que ya no estaba en blanco; y que le contaba la historia que de sus ojos había caído, marcando   la nívea ágora que recogía nuevo relato.

jueves, 15 de marzo de 2018

Jugarreta




Qué divertido era  ver desde cierta distancia a mi contrincante husmeando entre las estanterías, cabizbajo y preocupado hasta que encontraba algún vinilo de su gusto. El  movimiento inquieto de su cola lo delataba.  «¡Éste es mío!», murmuraba  mientras seguía buscando.
Pero cuando más distraído y feliz  estaba, levantaba yo mi lomo  con los pelos erizados y   los  bigotes atusados, le bufaba, y conseguía  que saliera disparado, muerto de miedo y derribando las estanterías con el consiguiente perjuicio de los discos. El estropicio estaba servido.
«¡Maldito gato!» gritaba la dependienta del establecimiento, una bruja mal encarada que, con la escoba en ristre, pretendía molerme a palos. Salí por patas  y en mi perturbación, me encontré en medio de un cine, cuya película proyectaba todas mis fechorías «¡Tenía que haberlas patentado!», pensé.
Por cierto,  la vendedora fue despedida de inmediato. Mi dueña  adora a los gatos más que a los discos, jijij.

jueves, 15 de febrero de 2018

PEÑA ISASA, ¡MUCHOS LA VEN Y POCOS LA PASAN!



"Si Montejurra fuma  y Peña Isasa rasa, coge la manta y vete a casa"  Es un dicho popular con el que nuestros ancestros  predecían el tiempo que iban a tener, sin equivocación alguna.
Para llegar a la cima tenemos varias rutas. Elegimos el ascenso desde  Turruncún. Un pueblo de unas 300 almas a principios del siglo XX y que actualmente está abandonado. Derruido. En su crónica un detalle curioso. En 1965  todavía era un pueblo habitado, construyeron una nueva escuela, que  nunca se llegó a utilizar. Tal vez sus ánimas se pregunten aún, el porqué de semejante dislate.
Dejamos el coche junto a un merendero y seguimos la pista forestal que bordea el monte hacia la cima. Como nos resultaba un tanto aburrido, acotamos la subida monte a través, siguiendo entre matorrales por “senderos de cabras”.
Cruzamos un cortafuego repoblado de pinos y arbustos, que a duras penas soportaban el peso de la nieve caída la noche anterior. Las aulagas todavía sin florecer,  disfrazadas de blanco, disimulan las espinas que al rozarlas, te dibujan la piel aun a través de la ropa de invierno. Por esta zona es fácil encontrar buitres, búhos reales, lirones y lagartos entre otros… estaban aletargados.

 El silencio era total. Roto a veces por rachas de viento que arrastrando bolinches de nieve –semejantes a pequeños proyectiles-  se incrustaban en la cara sin remedio.
Al. 1475m  cota 570
Cuando llegas a la cima y desde el picacho más alto, encuentras un paisaje espectacular.  Monterreal con sus hayedos y pinos, Peñalmonte totalmente blanco, y toda la vega del Ebro comenzando a dar sus primeros brotes verdes. Un contraste sorprendente.
       El esfuerzo mereció la pena y tuvo su recompensa:  El silencio  -interrumpido a veces  por otros senderistas-, la paz, el aire puro que respiras es de un valor incalculable.
Será un recorrido que volveremos a hacer pero partiendo de Arnedo. Bien abrigados porque es cierto aquello de que: “Cuando la nieve llega a Isasa, coge la manta y vete a casa”.  

   
 

    

domingo, 17 de diciembre de 2017

¡Llegaron las flores antes de mi funeral!


Él no es de mucho escribir. Mas bien, no le gusta hacerlo. Pero en esta ocasión la pluma se le ha enganchado a su mano y a resuelto su pensamiento con gran maestría.
Con esta misiva entré en la nueva etapa de mi vida que me abre la jubilación:

 

   AL FIN LLEGÓ LA 
      LIBERTAD


Felicidades,  hoy 23 de Noviembre del año 2017, ha llegado el gran día.

No sabía cómo homenajearte en un día tan especial,  así que he decidido que lo mejor es escribirlo, aunque no soy de mucho escribir, pero lo escrito queda impreso y no se puede borrar. Y qué mejor recuerdo es, el que se puede leer.

Los recuerdos hacen historia y la historia impresa se convierte en historia viva. No voy  a escribirte una biografía porque no soy biógrafo y porque en pocas líneas no se pueden resumir tantos años de vida laboral, así que nos quedaremos solamente con la idea de una esposa y madre muy trabajadora, la más trabajadora del mundo para nosotros, la que más ha madrugado, la más tenaz y constante, tanto en el hogar como en su trabajo, la que ha pesar de todo han respetado  sus jefe/as, y más han temido por su integridad y profesionalidad, también por sus compañero/as, aunque alguno/as no hayan tenido más que una envidia malsana por no estar a tu altura, pero esto inevitablemente va en el paquete. De todo esto lo más importante es sentir que se ha cumplido con dedicación, esfuerzo, profesionalidad  y sobre todo con  honestidad.

Has sido una trabajadora incansable y ahora debes ser una jubilada incansable,  bueno tampoco vayamos a ir desbocada eh.

A partir de hoy empieza una nueva etapa llamada libertad, aunque se le llame jubilación. Tus objetivos pasan a ser otros y solamente serán tuyos. No hay prisa en terminar una obra, sino en empezar cada día una nueva. Tus proyectos solo serán los que quieras.  No tendrás que mirar el tiempo, ninguna obligación de horario te marcará tus horas y podrás  disfrutar de ellas como te dé la gana, o sea, por qué quieres y te apetece.

 Nosotros valoramos todo tu esfuerzo porque siempre lo hemos vivido, porque nos has enseñado que el esfuerzo y la dedicación es lo que realmente vale. Y hemos  deseado más que tú que llegase este ansiado día.

A partir de ahora tu proyecto vital es:   vivir y disfrutar al día y con calidad de vida, y cuando esto ya no sea posible porque la vida así lo demande, pensar que ha merecido la pena hacer esta carrera.
Los dos pequeños detalles que te ofrecemos, uno más bien de sentimiento: una medalla que te recuerde la fecha de tu libertad y te acompañe  en tu fe, y otro material que te ayude a disfrutar de un presente tecnológico que esperamos que  te sea muy útil para practicar tu afición y pasión por la escritura, ya que no ocupa mucho espacio, y así cuando te surjan las musas puedas dejarlas plasmadas en ese momento, porque a veces son muy esquivas y hay que atraparlas cuando surgen.
 Por todo ello, solo queremos y  deseamos  tengas una feliz jubilación.
Firmado: Tu familia

viernes, 8 de diciembre de 2017

¡Feliz Navidad!




La Navidad es el momento perfecto para volver a recordar  los verdaderos valores. Para reflexionar y entender que todo lo que necesitamos está dentro de nosotros. No para guardarlo en lo más profundo, sino para prodigarlo a nuestro alrededor. Qué la  casualidad no existe,  y que  somos la suerte de nuestro esfuerzo y tesón.
 


La Buena Nueva, nos llega a cada uno de forma diferente. Por eso desde hace mucho tiempo, la celebramos deseándoos: Paz y Libertad  para todos los días del año.


Familia: Jiménez-Eguizábal