"Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra".

James Russell Lowell (1819- 1891),

poeta y crítico estadounidense





sábado, 6 de junio de 2020

Entre col y col…


“He abrazado al sicomoro y el sicomoro me ha protegido; las puertas de la Duat me han sido abiertas”


Este fragmento de “El libro de los Muertos” me ha recordado una parte del viaje que hicimos a Egipto y que os cuento:

«Bajo un centenario sicomoro, a orillas del Nilo, tomamos el más exótico café de todo el viaje. Y debo decir que, todos los que probamos estaban deliciosos.
Camino del pueblo nubio, que se puede llegar con barco o en camello, una  familia  nubia vende su arte de hacer café con  receta y  utensilios ancestrales.  Todo un rito de elaboración con el  que consiguen un aroma y sabor placentero. Recostados sobre alfombras y cojines bajo la frondosa copa, que  resta 4º o 5º de la temperatura ambiente, escuchamos sus relatos con los  nos transmitieron  su cultura.
Viven los nubios su pobreza, como los egipcios, con tanta dignidad que ni siquiera se molestan en maquillarla para el turista. Son naturales sus movimientos y  sus gestos hospitalarios cuando te reciben con una amplia sonrisa. Saben potenciar  la atracción que ejerce  este país y sus gentes.
Tiene fama la belleza de las mujeres y  es verdad, pero ellos…, también, también… »
…Continuará…




Fotos: mis archivos.

viernes, 5 de junio de 2020

Lo aprendimos de niños…


      Antes te daba miedo la información cruzada. Siempre desinforma. Después, la versionada; pero cuando empiezan a  aumentar el número de versiones ya  entras en pánico.
        Así iba pensando mientras caminaba, y en medio del paseo me quedé estupefacta. La foto explica mejor que mis  palabras, el motivo.
      ¿Cómo es posible este comportamiento? ¿Después de tanta gente que se ha ido sin decir ni un adiós, sin oír un te quiero, salimos con estas maneras?
       ¿No ha servido para nada estos meses de confinamiento?
       ¿Esta es la normalidad que nos espera?
       Volver a pisar sobre las mismas huellas me parece, cuando menos, intolerable. 
       En los pequeños detalles se ven los grandes actos y, de este banco pasamos a la “fiestuqui de cumpleaños”, “de despedida”, “del botellón”.
       El goteo de protestas es constante. Todo el mundo sabe qué, o qué no tiene que hacer el gobierno y los ayuntamientos. Pero  ignora sus propias obligaciones y sigue a su  libre albedrio de desenfreno y guarrería.
       ¡Que aumenten las  ayudas para las familias, para las empresas, para el comercio, para la industria!,   que está muy bien esos deseos tan altruistas y solidarios. Pero también, que amplíen las brigadas de limpieza, y las de seguridad, porque somos incapaces de mantener limpia la calle, ni cumplir las normas establecidas por la alerta sanitaria. Partidas presupuestarias en las que deberíamos ahorrar con nuestro esfuerzo ciudadano, para ayudar a todos los mencionados que lo necesitan.
       Solo sabemos, chillar, criticar, exigir…, y no ponemos ni un granito de arena, ni el mas mínimo esfuerzo.
       Y, no estoy hablando de política, ni de  colores políticos,  sino del comportamiento cívico, que aprendimos de niños y  nuestra obligación es practicarlo y enseñarlo a nuestros jóvenes.
       No sé cómo acabará el Covid19. Nadie lo sabe. Pero visto lo visto, necesitaremos unos cuantos Covids para entrar en razón.




Foto: mis archivos


jueves, 4 de junio de 2020

¡Esos animalicos!


No sé cómo describirá la historia, el comportamiento de las ratas modernas.  Las que pisan alfombra roja y no  tienen referencia de la vida de otras ratas: como las  que transportaban  las pulgas  que ocasionaron la gran mortandad; o las que llegaron en barco a Nueva Zelanda, o simplemente las de laboratorio…,  a esas, ni  las conocen ni lo intentan.
¡Un roedor muy prolífico! ¡Una  casta complacida! De pleno derecho, porque nosotros los hemos llevado de la mano al estatus que disfrutan. Ufanos, expanden su estulticia hasta por las redes sociales. Creen que, como el pescador, las llenarán de peces adecuados.  
Miguel Delibes las conocía bien y nos dejó en su legado un estupendo manual para aprender a conocerlas y verlas venir desde lejos.
Distintos perros, idénticos collares, y en el fondo,  aunque  coloreada, la misma sociedad  que  el escritor denunciaba a través de sus novelas porque en el periódico no le dejaban.
Al paso que vamos, terminaremos aceptando al Covid19 como un ciudadano menos peligroso que los  ratones de colores.





Foto: Google

miércoles, 3 de junio de 2020

Estoy de suerte


Avanza la incertidumbre en plena oscuridad y no puedo pensar. Sé que estoy enfermo, pero no dónde estoy. La calle es mi casa y la misericordia de los ciudadanos, mi sustento. Desaparecieron. Tenían que guarecerse de la  acida lluvia que llegó sin avisar y se llevaron la compasión consigo.

De pronto, una mirada llena de ternura me llega a través de la máscara que oculta su rostro. Tiene que ser bonita su dueña.  Siento el calor de su mano que con la firmeza del  compromiso acaricia mi frente. Creo que he llegado al cielo.













https://cincopalabras.com/2020/05/31/escribe-tu-relato-del-mes-de-junio-i-dr-juan-abarca-presidente-hmhospitales/#comment-6831

Al filo de lo imposible



Un aspa gigante irrumpe en la altura, parece que ha perdido el molino de viento  donde giraba. Poco a poco los aviones comienzan a surcar la atmósfera dejando sus estelas y una alegría renovada vuelve a mis ojos, temerosos todavía.
En nada, comenzaremos a viajar de nuevo. No sé si eso será bueno, o no tan bueno, o lo mejor, porque tenemos que  recuperar la maltrecha economía que ahora amenaza tanto como el Covid19.

Para no pensar cómo será  empezar  “una nueva normalidad” sin tantos desamparados que no volverán, me sumerjo en los momentos vividos no hace muchos meses, cuando visitamos  La Patagonia. Mil cosas conocimos y  mil y  una aprendimos allí.

Recuerdo el encuentro que tuvimos con unos pollos de  cóndor,  navegando hacia el Perito moreno. Su envergadura a pesar de su corta edad, era asombrosa, y posaban sobre la roca para cuantas cámaras quisieran fotografiarlos con un porte que, ni aprendido.
Audaces y elegantes,  transmitían con la mirada, que  éramos nosotros los exóticos ocupantes del lago.
Ellos son fronterizos. Conformados con los gélidos vientos de  los Andes, viven entre  Chile y Argentina y,  toda la tierra, agua y aire  son suyos. Han acotado su espacio porque están en peligro de extinción y a  los nativos, los dejan vivir allí por pura generosidad.

Al filo de lo imposible, soñé con que  esa quimera  podría hacerse realidad.

Tardaremos en volver, pero lo haremos para conocer en profundidad esta  asombrosa tierra,   su hábitat y sus habitantes.  
Mientras tanto seguiremos reprobando a tantos deambulantes que ponen en peligro su vida y la de los  demás. 









Fotos: mis archivos

martes, 2 de junio de 2020

Andando por las nubes


No conocimos a “El perrillas”, pero sabemos  que, cuando él ejercía la autoridad por la que le pagaban, no había calagurritano que escupiera, o tirara  ni el envoltorio  de un caramelo al suelo.

¿Qué ha pasado en nuestra sociedad con el civismo? ¿Va a ser cierto qué “contra peor, mejor”?  ¿No es la forma del “buenismo” una capa que esconde al responsable  que no pone orden ni concierto? 

Ocurre desde  los tiempos prehistóricos: solo mirando al cielo, aun rayado con el humo de los aviones, encuentras unos momentos de sosiego. Mirando a la tierra, se te cae el alma a los pies.
Tras un estricto confinamiento,  llega una carrera llena de despropósitos y contradicciones por  la desescalada; una lucha encarnizada dentro del  senado, que genera  como mínimo, desconcierto y da pie a grupos de  desalmados  a comportarse como si vivieran continuamente en un auténtico zaguán.
¿Criminalizar?  ¿Quién soy yo para hacerlo, si quienes tienen la autoridad y los medios no lo hacen?
¿Volver a la normalidad? ¿De verdad queremos, por ejemplo, tener a los jóvenes enfrascados en botellones, cuyas consecuencias, todos sabemos?
¿Por qué la noticia de cada uno de esos encuentros se detiene ahí?  ¿Por qué no continua diciendo que han sido obligados a desinfectar cuanto han contaminado  y para que no se aburran les han encargado  la limpieza  de montes y  ríos y  trabajar en las calles, parques y hospitales?
¿Por qué tantas restricciones para unos y tanta manga ancha para otros?

Dicen que el Covid19 no es una broma, que  no distingue entre clases sociales, ni razas, ni colores…, estoy empezando a tener mis dudas.




Fotos: mis archivos.



lunes, 1 de junio de 2020

A mi yo



No se inclina a mi paso, sino al del Cierzo. Parece que lo doblega, que le hace besar  la tierra, pero inmarcesible vuelve a levantarse y a vibrar hasta la próxima ráfaga. Gallardo pero no altivo, orgulloso y humilde al mismo tiempo. Me cuenta que soporta mejor este viento que el bochorno cuando llega caliente y le chamusca las flores.
Me alejo pensando en las lecciones que continuamente nos da la naturaleza.
Una planta tan sencilla y a la vez tan fuerte, con una capacidad  infinita para  adaptarse a todas las situaciones sin agachar la cabeza. Espera  con paciencia mientras se hamaca al compás del aire,  a que el sol le de vida y  cada noche, la luna de plata le acaricie con suavidad.
No se  arrugaría  ante la tormenta con la que se despidió mayo, que trajo más ruido que agua. Se acunaría en su furia con actitud flexible  y al amainar,  regresaría a su estado  natural sin darse importancia y sin romperse.

Cuánta razón tienen las palabras de Irene Vallejo: “Cada vez más, el conocimiento de cada uno sería un archipiélago mínimo en el inconmensurable océano de su ignorancia”








Fotos: mis archivos