"Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra".

James Russell Lowell (1819- 1891),

poeta y crítico estadounidense





martes, 19 de mayo de 2020

¡Yo, me quedo en casa!


Cuando Miguel de Unamuno acuñó  el término sororidad, muchos no entendieron su alcance. Yo tampoco la conocía, aunque salía rimbombante en pancartas de protesta.
Mientras busco el significado; el gato,  goloso, pega un mordisco al pescado que tengo en adobo para la cena. Como lluvia amarilla le caen varios zapatillazos, pero me mira asombrado. “¿No era para mí?”  Y  corre desenfrenado entre el laberinto de  sillas bajo la mesa esquivando el siguiente golpe.  Con el remolino que forma,  se cae el cuadro con el árbol de la vida, y se hace añicos. Y todo, por una palabra que no conocía.






Los hijos de la ira


Pantano El Perdiguero
Si yo fuera Dámaso Alonso, le  preguntaría a Dios…, pero no soy él, ni tengo su valor ni su maestría para hacerlo. Pero sí me pregunto a mí misma, y  a ti también, cómo nos podríamos conducir mejor y aportar cordura en nuestro entorno, ya que no podemos más allá, no por el confinamiento, sino porque gente ilustrada hay para hacerlo. 
Lo que ocurre es que no entiendo los esperpénticos sucesos que se contradicen claramente entre sí.
El Perdiguero
Cómo hay gente gritando por su libertad para poder comprarse el último grito de moda —por ejemplo, por no citar otros gruñidos que todos oímos— y,  unas calles más allá, haya una gran fila de gente  que  piden para comer porque  ni tiene dinero, ni libertad, ni fuerza para gritar.
Que, en medio de una emergencia sanitaria, donde hay miles de muertos, al parecer olvidados, o asimilados como hechos colaterales, ardan las calles con respeto y sin él, y sigamos a estos incendiarios cuando,  al menos ellos que salen impunemente, deberían solidarizarse con aquellos otros que también están formando colas para mientras esperan la infección del Covid19, no morir de hambre. ¿De verdad no habrá otro momento para hacer lo que se tenga que hacer?
Jacinto Benavente decía: «Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos». Y por desgracia, actualmente vivimos esa realidad.
Deberíamos llegar al mundo, todos,  con un manual de convivencia, con la técnica necesaria para  ampliar nuestra mente y nuestro corazón, pero especialmente, todos esos que pretenden gobernar el país. Y digo todos.  Porque parece que olvidan el escenario que deberían crear para llegar a acuerdos que solucionen los problemas o al menos los palíen. Si no son capaces de crear esa armonía política, no quiero pensar si, seremos los hijos de la ira los que acabemos con la pandemia, o será ella la que acabe con nosotros.
Paz y serenidad en el pantano



lunes, 18 de mayo de 2020

Desde otra mirada


Seguro que vosotros sí, pero yo no había reparado en la imagen que ofrece la catedral vista desde atrás. Aparece distinta pero igual de bonita, e  impregna, cuando menos,  misterio. Desde la distancia, parece un castillo de la época medieval, o es que, ¿la perspectiva  dimensiona la realidad?
Qué importante es fijarnos  en  otros puntos de vista. No en esos incendiarios que abrasan y anulan el pensamiento,  sino en  los que destilan sensatez y serenidad. Nosotros  no carecemos de conocimiento, de saber emplear esa segunda mirada que amplía el horizonte del pensamiento, pero me temo que a veces, lo arrinconamos en el cuarto de los trastos. 
Filósofos, historiadores, pensadores de todos los tiempos inspiraron a los contemporáneos que conocieron la clave.  La cultura.
 «“Cultura”. Porque a través de ella se puede resolver los problemas en que se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz»: era el lema de Menéndez Pidal.
Os dejo un enlace de un discurso al respecto, pronunciado por Federico García Lora, muy interesante.
No dejo de admirar la solidez de la catedral a pesar de estar ubicada sobre un arenal. Ahí está, fuerte y hermosa, esperando a los fieles.
Y tampoco dejo de aplaudir. Todos los días. 


domingo, 17 de mayo de 2020

¿Dónde venden paciencia?


De tiempos convulsos está la historia  llena.  Se ha escrito con  la tinta de la  emoción que, de todas las catástrofes y epidemias sufridas, han surgido diferentes corrientes  artísticas, nuevas oportunidades político-sociales, nuevos negocios que han suplido a otros que también se extinguieron… Todos  requirieron avanzar a paso lento, con mucha, mucha paciencia.
Esta mañana, camino del pantano, he encontrado la respuesta. Las imágenes que os dejo hablan por sí solas. Es en la naturaleza donde encontramos esas dosis de paciencia  que necesitamos para mantener la prudencia  a buen recaudo. Ahora  que  nos abrimos a nuevas fases, hagámoslo con la filosofía del paciente y con mucho tesón. Respetemos para ser respetados, pero sobre todo, para no contagiar ni ser contagiados, que el virus es letal y está latente.
De momento el escenario político no es muy halagüeño que digamos. El continuo cruce de reproches e insultos desaniman al más pintado, pero hagámosles  ver que los ciudadanos, en general, respondimos bien durante el confinamiento, y que lo vamos a hacer mejor durante las fases de desescalada hacia una “normalidad”  diferente a la conocida. A fuego lento como se hace un buen cocido. 
Todavía queda camino por recorrer, aprendamos de las  silvestres que con todo el anhelo del mundo florecen cada primavera, con la esperanza de encontrar una atmosfera más limpia y saludable.  

Por cierto, ¿seguís aplaudiendo a las 8:00? Esto no se ha acabado.  Yo sigo aplaudiendo, todos los días.  




































Foto: mis archivos

sábado, 16 de mayo de 2020

De mil maneras…



Juan Genovés   "El abrazo"  1976
En pleno ecuador de mayo y con la protesta en sus pinceles, emprende Juan Genovés su último viaje.
Cuando pintó   “El abrazo”,   ni se le pasó por la imaginación que llegaría a vivir tiempos en los que no podríamos abrazarnos ni con nosotros mismos.  Él, con  su  arte transformador, de carácter expresionista y provocador, ha luchado por la libertad del individuo y lo ha dejado plasmado en el silencioso grito de su amplia obra.
Gritan las redes  con mensajes contradictorios. Pobre pueblo llano que no sabe qué hacer, ni qué camino tomar. Sopla el cierzo, choca con el bochorno y  una tromba de agua anega ciudades y campos. Hasta los astros se han vuelto locos. Se han convertido en el reflejo de esta sociedad enfebrecida.
De mil maneras  habló Dios a sus profetas, dice la biblia en Hebreos 1:1-12. De mil maneras, artistas de todos los tiempos han plasmado su protesta ante tanta injusticia.
Tomemos nota amigos, que llueve sobre mojado. No dejemos que la inundación de bulos incendiarios nos apabulle y arrastre sin remedio.
Genovés nos dejó su legado: «Cuando dejemos de hablar en clave de buenos y malos, “El abrazo” se habrá completado»


viernes, 15 de mayo de 2020

Mercadillo de los jueves, el arte de la prudencia


¡Nos han advertido!: «Salid con prudencia», «moveros con cautela». Mucho me temo que a estas alturas de la vida, lo escuchamos como el que oye llover.
 La cautela, como la prudencia son buenas consejeras. Buena compañía, sin lugar a dudas.  Pero son poco conocidas.  Abanderan un uso desgastado y  a veces se las confunden. Para unos, la prudencia es sinónimo de tontería. O sea: “prudente” es igual a “tontainas”.   
Con el tiempo, a la  cautela se le ha adornado con  un  matiz de astucia o maña para engañar. A lo mejor por eso no se le tacha de tonto al que la utiliza con ese acicalado.
Aristóteles, a la prudencia, la consideraba una virtud: «el  individuo prudente se diferencia  del resto porque emplea su capacidad de deliberación, que le lleva a discernir cuál es su mejor opción en todo momento».
¿Por qué, entonces, ha llegado a nuestros días  con una pátina transparente y solo la encontramos visible en la literatura?
Nuestra sociedad hace años que tiene acceso a la lectura, con infinidad de medios con los que adquirir conocimientos.  Pero en el intento hemos perdido la cordura,  banalizado  los conceptos, la  hemos convertido  en simple retórica, y no la usamos para no parecer tontainas.
Tal vez el árbol tapó el bosque hace mucho tiempo  y salir de nuestra área de confort supone un esfuerzo inusitado al que no estamos acostumbrados, porque nuestro cerebro no está bien alimentado.
Así  las cosas, ¿Qué  veremos en los siguientes mercadillos? Por ejemplo.


jueves, 14 de mayo de 2020

Miradas que abrazan


La ventana se ha convertido en la puerta a un ágora improvisada, compuesta por otras ventanas de donde salen saludos, aplausos y  abrazos con la mirada para  los vecinos, besos lanzados al aire con las manos,  que el de enfrente recoge sin perderse ninguno.

No es la plaza  por la  que  ya nos dejan  dar una vuelta, sino la que hemos descubierto con el confinamiento y que habíamos olvidado. Tiene el mismo calor y no tanto riesgo.

Porque salir a la calle se ha convertido en un “no derecho a caminar seguro”, ni a “protestar por ello”, porque lo primero que oyes es: «¡Si ves que los otros no respetan, no protestes, veté tú por otro sitio!». Como en otros ordenes de la vida, ahora y antes de la llegada del “virus asesino”, el propio conjunto social  impulsa a castigar al que cumple las normas y salvar al que no.
 
Tendremos que convertir la comunicación gestual y corporal, en un instrumento necesario, porque hemos ampliado el confinamiento, a un encierro de pensamiento tal,  que desde que abres  la puerta, aun llegando a la  calle, no  sientes sensación de libertad, sino todo lo contario. 



Abrazar con las palabras, o con las miradas,  llegará a ser la mejor forma de salir del confinamiento mental.












Fotos: mis archivos