"Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra".

James Russell Lowell (1819- 1891),

poeta y crítico estadounidense





viernes, 25 de septiembre de 2015

Los juguetes de hoy




Fuera, ha nevado. Las temperaturas son bajas, y el viento
aumenta la sensación de frío, pero Jesús, esperanzado, continúa
asomado al ventanuco, aguantando las inclemencias que a través
del plástico deteriorado se van colando en la casa.
María, al amor de cocina de leña, prepara la exigua cena
mientras su marido trabaja en el establo. Se avecina una ventisca y
los relámpagos seguidos de truenos alarman a la mujer.
—¡José! ¿Has visto ese destello? José, esta noche se está
desencadenando una gran tormenta, tenemos que resguardar a los
animales de la ventisca ¡José! ¿Dónde estás?
—Mamá escucha, no es una tormenta como la de ayer, solo se
ve centellear una luz en la oscuridad de la noche, no hay ruido de
truenos, vamos a mirar por la ventana a ver qué pasa —comenta
Jesús, que entusiasmado no oía el estruendo de la velocidad de
la luz.
Los vanos están tapados con plásticos, no son transparentes
como los cristales y no se distingue nada, María sigue la corriente
a su hijo.
—¿Dónde está tu padre?
—María, tranquilízate. Hoy ha ocurrido algo extraordinario.—
interviene José—. Los reyes magos han pasado por esta casa, he
salido para darles algo de comer, y puedan seguir su camino.
—¿Los Reyes Magos?, ¿Dónde están? Quiero verlos, ¡son el
gran sueño de mi vida!
—Verás hijo, son Magos y saben que eres un niño muy bueno,
por eso han pasado por aquí para dejarte los juguetes que les
pediste. No puedes verlos porque perderían su magia y no podrían
traerte más presentes.
—¡Pero papá, tengo que verlos! De lo contrario ¡Nunca sabré
como son!
—Tienes que imaginártelos y guardar esa ilusión en tu corazón,
de esa manera siempre los conocerás.
—Mira papá, que paquete tan bonito me han dejado ¡Pero no
hay turrón!
—No, ellos son sabios, saben que has cenado una buena sopa
caliente con una garrita de pollo, por eso te han dejado ese obsequio,
y el turrón se lo han llevado a otro niño que no tenia qué cenar.
—¡Claro papá! ¿Puedo abrir el paquete?
—Consérvalo así hijo, guárdalo con tu sueño.
María contemplaba la escena un tanto apenada. La tormenta
había destrozo el ventanuco y gastaron sus ahorros en repararlo.
Una vez más, tuvieron que sacrificar regalos de reyes.
Jesús, manteniendo su alegría delante de sus padres, recogió el
paquete y con lágrimas en sus ojos, lo guardó bajo su cama, con la
esperanza puesta en el próximo año.

miércoles, 29 de abril de 2015

LA MALDICIÓN




— «Pájaro seas y en mano de niño vivas» -dijo la mujer calé
    Era adolescente cuando escuchó esas palabras. De la boca de una cíngara salieron con la mala saña, con la que fue capaz de pronunciarlas,  por negarle un pedazo de pan que él guardaba celosamente para comérselo con su hermano.
    Las ignoró, no pensó ni un segundo en ellas. Siguió su camino y al llegar a casa, a la vera de la descascarillada mesa, los dos hermanos engulleron el pan duro que le habían dado al pasar por el viejo bar  donde a menudo había ido  a buscar a su padre.
    Creció,  y desarrolló su vida según sus cualidades y  las congruencias que halló en el camino. No fueron pocos los problemas por los que pasó. Moldearon su personalidad y modo de ser, como  pasados por  el mejor crisol.
    Se consideraba amado por su familia, por la que   igual que por su hermano, daba su corazón  sin reservas. Luchó duro pasando por diversos oficios y desiguales empresas. Mejoró su hogar más allá de lo que habían hecho sus padres. Sus hijos aprendieron y se formaron de forma precisa “para que no paséis por donde yo he pasado”  -decía.
    Ya en la madurez comenzó a realizar uno de sus mayores sueños. ¡Viajar!  Y sin prisa pero sin pausa comenzó a conocer su país  y los países de Europa más cercanos, “aquellos a  donde pudiera ir andando” –indicaba.
    Así, llegó a Sevilla. En la plaza principal, una sorpresa le aguardaba. Allí halló a una gitana que se ganaba la vida leyendo las manos de los viajeros, (echando la buena ventura).  Nada más verla, la reconoció. La había olvidado, nunca pensó en ella, pero, aquellos ojos avispados y llenos de vida se le habían clavado en su memoria. Se cruzaros sus miradas y volvió a recordar sus palabras.
     — «Pájaro seas y en mano de niño vivas»
             ¿Se acordaría ella de la imprecación con la que le maldijo años ha? No. Demasiada gente y muchas manos habían pasado por las suyas, y no era posible que se acordara. Pero él, -a pesar de no haberla ni siquiera considerado- le llegó a su memoria como una ráfaga de aire fresco. Le pareció su figura, vivaracha, menuda y alegre. Ya no parecía paupérrima y famélica. Ni mucho menos desesperada. Reflejaba una armonía duradera en la profundidad de sus oscuros ojos. Al escuchar cómo hablaba a sus parroquianos, comprobó que no los maldecía, sino que les predecía buenos augurios. Daba felicidad a las masas que la escuchaban a cambio de unas monedas.
                Y, ahora, pensando en su pasado, comprendió que, de alguna manera, se habían realizado los deseos exasperados de aquella mujer. De forma inesperada, se consideró perseguido por sus ideologías, y recordó los sucesos por los que había pasado a lo largo de su vida. Si, recordó los años de dura faena, de cambios de empresas y dispares oficios que llegó a emprender, sufriendo a los ambiciosos empresarios que oprimían a los obreros, a cambio de míseros salarios. Si, ella lo adivinó, y por primera vez se afligió como un pajarillo en manos de un caprichoso chiquillo. Oprimido y moribundo.
            —¿Adónde vas, foráneo? –escuchó su voz melodiosa.
            —Acabo de percibir que su maldición hizo mella en mí y quiero cambiarla.
        —Nada impide que salgas del pozo de la sumisión. Ahora posees un periodo sosegado, después de las penurias sufridas. La esposa descansa en paz, los hijos han volado a sus nidos. ¿Qué frena que avances hacia un lugar mejor?
            —Me falla el coraje para reiniciar algo nuevo. No sé cómo hacerlo.
            —Solo, ¡desealo!, y lo conseguirás, igual que ocurrió en el pasado.
            —¿Cómo lo sabes?
          —Soy adivina, y muy buena. Deseas mi paz y yo no puedo proveerla, solo uno mismo puede conseguirla. Sigue el camino guiado por las emociones y deseos propios, nunca por los ajenos. Llegarás al final de los días inmerso en una aureola de felicidad como no lo imaginas.
            —No poseo un mendrugo de pan pero puedo ofrecerle…
           —No me des nada. Debo agradecer que hace años no me lo dieras. Aquella hambre quejosa me condujo al hado de mi riqueza.
         Conmocionado, creyó en sus palabras y marchó buscando un nuevo espacio que imaginó era del color del arco iris y se confirió de lleno a su ocaso.

lunes, 13 de abril de 2015

II CONCURSO TARJETA POSTAL (CLUB ESCRITURA FUENTETAJA)







http://goo.gl/Gowm86

 


 

 PENSANDO EN EL FUTURO
 Querida Olvido
En nuestro segundo día en Oporto, durante el recorrido turístico, encontramos esta magnífica librería que ves en el anverso. No te puedes imaginar la belleza y sobriedad de la misma. Estoy segura de que te hubiera gustado verla.
No pierdo la esperanza de que en poco tiempo,  te habrás   recuperado totalmente  y volveremos juntas para que puedas disfrutar de este magnífico país. No dudes que esto es lo que más deseo.
Seguiré enviándote más instantáneas para que puedas  trazar un itinerario a medida de nuestras necesidades y expectativas. Seguro que será un trabajo de campo extraordinario del que sacaremos  un buen partido.
Mientras  tanto, recibe un fuerte abrazo y todo mi ánimo a la vez.
María

TRES HORAS DE TU VIDA





Se abre la puerta de repente asustando a enfermos y cuidadores. Una figura rechoncha, deforme, con cara de malas pulgas y toscos andares, irrumpe en la habitación exhibiendo su mala educación de forma gratuita.
Unos no saben quién es, otros la reconocen al verla.
     Con sus  grandes dotes teatrales lloriquea a la cabecera de la cama. Sus lagrimones inundan la almohada.
— ¡Has venido, por fin!
—Sí, he venido y me voy. He tenido que soslayar muchos inconvenientes que...    –contesta a la vez que vuelca sus miserias sobre la persona enferma.
—Me alegra verte pero, ahora  que  te has confesado, vete. Yo creeré que, por primera vez, me has regalado tres horas de tu vida.







LA BATIDA





Como cada año, iniciaron una nueva  batida para reducir las manadas de lobos y paliar los daños que producían a los abnegados vecinos del valle. Lo habían intentado todo. Todo.
Un silencio sepulcral que casi hacia ruido al escucharlo, envolvía todo el entorno. No había lobos.  No se escuchaban sus aullidos como cada mes de enero.
—Se habrán muerto de hambre –decían unos.
— Nos han visto llegar y se ocultan por miedo a nuestras armas  -añadían otros.
—Esperaremos en la cabaña a  que llegue la noche y será más fácil  —decidió el capataz del grupo
Cuando  llegó la noche, todo era oscuridad. La luna de los lobos, se había rebelado y no apareció en el firmamento. Enero quedó sin luz y sin aullidos de lobos.





lunes, 23 de febrero de 2015

¡EL EQUIPAJE ESTÁ LISTO!


Sin prisa, sin una pausa, bajo el manto de una llovizna que caía  silenciosa, gotas microscópicas que apenas mojaban,   caminaba absorto en sus pensamientos hasta que el canto de un jilguero le abstrajo de su cavilación. Entorno reinaba la paz, los árboles  desprendían su particular aroma, las flores silvestres acompañaban con su extenso colorido  cubiertas en parte por las hojas que se desprendían de los árboles, día a día del cálido otoño.
¡Eh, Manuela! ¿A dónde vas?  ¡Espera! Y echó a correr con la ilusión de alcanzarla y acompañarla por la vereda como hacían siempre; charlaban contándose sus  historias, compartían experiencias un tanto enriquecedoras, correteaban   cual mariposas revoltosas entre las flores. Eso era lo que quería y corrió y corrió y corrió.
¿Perdone, señor, le puedo ayudar? Jadea demasiado, ¿se encuentra bien? Tanta prisa no le puede reportar nada bueno.
¡Es Manuela, que se aleja, tengo que alcanzarla. ¡Manuelaaa!
Sosiéguese señor, Manuela no está,  en la vereda solo estamos nosotros. Usted y yo. ¡Tranquilícese por Dios!. Le va a dar un infarto o algo peor.
¡Manuela……..! ¡Oh! Manuela,…….. Creía haberla visto, llena de vida, sonriente me llamaba ¡con tanta alegría!. ¡Dios mío! ¡Tengo que llegar al hospital….. ¡Está llamándome!, seguro que lo está haciendo. ¡No puedo abandonarla ahora!.
Vamos, señor, yo le llevo. No puede volver a correr en las circunstancias  en que se encuentra.
Manuela, ¿qué tal has pasado la noche?
Solo el silencio le contestó. Manuela yacía quieta, blanca, apenas sin respirar, conectada a un sinfín de cables que la mantenían vivía. Aletargada, pero viva.
Manuela, he soñado que nos íbamos a Islandia. Tu gran sueño ¿recuerdas? Hacia muchísimo frio y tu cara aterida me miraba y me hacia guiños. ¡Qué sueño tan bonito! ¡Estabas tan feliz!
Manuela sigue inmóvil, de sus ojos se desprende una lágrima a modo de respuesta.
¡Pero esto es fabuloso! –comenta el doctor al enterarse - estamos haciendo grandes progresos. Siga hablándole de sus sueños y de lo felices que van a ser  cuando vuelva a la realidad.  Está luchando por ello y sus palabras la atraen con fuerza. No se desanime y ella no se rendirá. Estoy seguro de que logrará regresar a la vida, todos los parámetros señalan que está empleando su fuerza y su fe  para conseguirlo.
Si, Manuela, el viaje va a ser muy largo……el tiempo es efímero y a la que nos demos cuenta, estaremos juntos para siempre en el paraíso que forjaste en tus investigaciones. He preparado el equipaje, tus ropas, pinturas, cuadernos y apuntes…….. Si, Manuela, todo está listo. Continuó él proyectando la película multicolor que atraería a Manuela a sus brazos.


domingo, 1 de febrero de 2015

SUEÑOS ROTOS


Llegado el momento, nadie quiso hacerse cargo de Toni. Había custodiado la casa y a la familia sí, había hecho compañía y salvado obstáculos y situaciones difíciles a todos los suyos, esas  que solo un perro puede salvar.
Era viejo, estaba enfermo y necesitaba cuidados y dedicación.
Todo el mundo empezó a recordar que el perro, de joven, cuando todavía tenía vigor, ladraba y de vez en cuando mordía.  Hacía su vida, recabando atención por doquier con esas armas que solo los perros saben emplear. Pero primero había sacado su camada adelante sin apenas recursos, y ocurrió que todo sacrificio empleado le sirvió después para ser un autentico superviviente y salirse siempre con todo lo que quería.
Tropelía, eso es lo que llegó a continuación. Eso es lo que vivió. Eso fue lo que le hizo ser más fiero y cruel, pagando con esa misma moneda no a los que le habían atropellado  (puesto que no estaban con él) sino a todos cuantos se ocupaban de su cuidado.
Era noche vieja, una noche como otra cualquiera cuando  uno de los perros que abandonaron al viejo y decrépito Toni, Verdino, se presentó a reclamar “sus derechos”
-Vengo a realizar mi deber  de  cuidar  de Toni, tengo derecho y  lo haré durante seis meses, de enero a junio, los otros seis meses te encargas tú.
-Llevas toda la razón, derechos y obligaciones  van siempre unidos y  tienes todo el derecho del mundo. Desde que te independizaste, y eso hace 6 años, no te has acordado de que los tenías, y  todas  mis necesidades las ha atendido Azulón. Dadas las circunstancias que han rodeado  mi vida, estos últimos cinco años han sido especialmente duros, por lo que creo que pasando por alto ese largo  tiempo en el que no te has  preocupado,  justo sería  que ahora, cuando quieres ejercer “tu derecho” lo hagas al menos durante el mismo periodo.
-Mientras decido si lo hago durante ese tiempo o no, vamos a decidir la compensación que tendré. Que me entregues todo con todo cuanto percibes, sería lo normal. Solo de esa manera me haré cargo  de ti
-Nunca le pedí compensación  por mi ayuda y dedicación, sin embargo durante los últimos seis meses, desde que pasó a  formar parte de mi hogar, comenzó a darme  la mitad de sus recursos. -puntualizó Azulón-
-¡Yo lo quiero todo! ¡O me quedo con todo o no me lo llevo! Hemos de tener en cuenta que Amarillo  se niega a cumplir su parte  y su tiempo lo tenemos que suplir entre nosotros.
Se produce un largo silencio, Toni  mira a ambos perros y aguarda pacientemente mientras por dentro  aúlla tragándose sus quejidos para que nadie  perciba su dolor.
 -¿Qué he hecho? ¿Cómo he podido estar tan ciego? He despreciado el amor, la dedicación  y la ayuda de Azulón y ahora ¿Qué  va a ser de mí? 
Entonces, el viejo perro comenzó a darse cuenta de cuánto había tenido y perdido por su estupidez perruna,  que no le dejo ver la diferencia que había entre sus herederos. Y que, cegado por el odio y rencor castigó  e hizo  pagar a aquel que le había ayudado, todas las injusticias que los otros le habían hecho sufrir. Pero en su fuero interno sabía que ya no había remedio  y metiendo su rabo entre las piernas, en silencio dejó  que las circunstancias se desarrollaran como Dios tuviera previsto. Sus sueños de llegar a ser el patriarca del clan se hicieron añicos y ni siquiera recogió los trozos.                    ¡¡Aaaauuuuuuh!!   =  ¡¡Ya no tengo otra salida!!