"Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra".

James Russell Lowell (1819- 1891),

poeta y crítico estadounidense





viernes, 11 de octubre de 2019

...y, un día más


Mira las calles vacías, otrora bulliciosas. Las ventanas apagadas, nadie se asoma ni a mirar al cielo…, hasta las estrellas se apagan, o se esconden tras densos nubarrones. Tienen miedo de ver…
No queda más que  objetos perdidos, obsoletos, no reciclados: una raqueta, un ordenador, para nada sirven ya. El tiempo pasó de largo, se olvidó.
Un oso  y su familia juegan al tenis con su propia técnica. Fuera,  permanece  el recuerdo de unos pocos, aferrados a las rejas…

lunes, 7 de octubre de 2019

Miteli

Me costó un tiempo identificar  que Tuteli, quería decir en realidad, Miteli.  ¿Dónde está Tuteli? —decía él.  ¿A dónde vas sin Tuteli? —decía ella. No sé por qué, pero ahora comprendo que  la posesión es mía.  ¡Miteli!
Oigo su voz lejana, cariñosa… «Monty, Monty, mipequeñitoguapo»…, —siento su mano…
…¡Ay va! Si viene Tuteli  con nosotros. Corro feliz. ¡Qué bien lo vamos a pasar! Con lo que nos gusta la nieve.  Me emociona su cara  risueña tirando bolas  a su marido. Quiero jugar yo también jejeje; muerdo la nieve que ella coge y me aparta, no se da cuenta de  que quiero hacer bolas y tirárselas. (Recuerdo cuando  mordía la arena la primera vez que fuimos a una playa…) pero esa es otra historia,  volvamos aquí…  Y ahora me llama y me pregunta que qué me pasa… ¡qué tonta! no se entera de nada. Me voy a disfrutar de la frescura de la hierba blanca… ¡anda, que olor viene de ese matorral! Uhmm la lluvia ha limpiado  las plantas y  despiden un aroma tan rico, da gusto olerlas… «¡Vamos hijos, que camináis como caracoles!… »   Si supierais lo que me molesta la barriguita. Pero no me quejaré, ¡estamos tan contentos los tres!
Este parque es  una prolongación de mi hogar. Cada mañana lo recorremos,  y cada día cambian sus esencias... Cuando me saludan las ardillas me siento feliz, aunque preferiría alcanzarlas y darles un mordisquito, pero corren más que yo. 
«¡Ooh, Monty!…» —oigo su latido lento, o ¿es el mío?
El pulso que mejor recuerdo es el de  “Tumíguel” —fueron sus latidos los primeros que escuché cuando me apartaron de mi madre—. Cuando viene, la casa se llena de alegría y yo también me siento más feliz, porque entonces somos como una piña. ¡Los cuatro jinetes del apocalipsis! Recuerdo una ocasión, cuando subíamos al monte, que se me cruzaron tres corzos. Cómo corrían los condenados, pero  me fui tras ellos con la intención de cazar al menos uno… No fue posible. Son más duchos que yo saltando entre  arbustos y ramas. Con el firme tan  desigual se me rompió el espolón. No sentía el dolor, porque el de mi orgullo herido lo superaba.  Después me di cuenta de que eran una familia. Mejor que no les diera alcance, me hubiera apenado mucho haberles hecho daño. Nadie debería entrometerse  en una familia, ¡Nadie!  Algunos bien que crean tempestades innecesarias. Tuteli es fuerte…, pero  sufre…
En diferentes caminatas por el hayedo disfrutamos de la compañía de los corzos, jabalíes y demás animales. Nunca más se me ocurrió ir a cazarlos. Siempre nos saludamos, es bueno tener amigos por estos lares. En ocasiones me indican que hay  algunos peligros para mi familia; yo les  advierto y,  Tuteli, todo hay que decirlo, me hace caso…
«Monty… Monty,  mipequeñito»… —su voz llorosa…
Oigo  susurros de pena como los que, algunas noches se le escapan entre lágrimas contenidas,  que humedecen sus pómulos... Al principio, no sabía qué hacer y ante el temor de que estuviera irritada, me ocultaba tras las sillas del salón, como cuando se enfadaba con Tumiguelangel, o con su trabajo, o con la “abuela” ¡Que le hacía  cada  chapuza!  Graciosas al principio, pero  llenas de  ojeriza después. Ella las repetía y no se cansaba.  Tuteli hablaba y  advertía y rogaba que la hiciera caso… y nada. Erre que erre. Quería imponer  su criterio, a pesar de no estar en “su casa” porque en  la suya es otra cosa, y Tuteli nunca le imponía su razón… La regañaba porque no comía a su hora, o no se aseaba y vestía en condiciones…, pero nunca le dijo cómo hacer las cosas  en la  vivienda ni en su familia.  Pero volvamos a esas lágrimas, que debían de llenar lagos internos porque apenas rodaban unas pocas por sus mejillas, pero la miraba a los ojos  y adivinaba su profunda tristeza.  Una noche me acerqué despacito, la besé en la mano y ella sonrió. De un salto me subí a su regazo y me acarició toda la noche. Empapó  mi cabeza y  mi lomo. Me quedé dormido, mojado y todo…
«Es nuestro último viaje Monty querido…» —¡Qué va, Tuteli… estoy aquí!
¡“Corre, corre, Monty, ven, ven con Tuteli”!  Ese estribillo me acompaña siempre. Y cada vez que lo dice, corro a sus brazos. Me salvó de una tormenta torrencial que me caló hasta los huesos (y a ellos también), en pleno monte. Entonces, yo corría como un gamo, pero en mis andanzas me despisté y con el aire y la lluvia tan fuerte que comenzó a caer, perdí la pista. Ni olores, ni sonidos, ni nada. Pregunté a unas terneras que pastaban tan tranquilas bajo la lluvia, pero no sabían nada, De repente, un débil sonido llegó desde lejos y me dejé llevar por él. Era Tuteli, que angustiada, me buscaba y gritaba mi nombre una y otra vez. Tumiguelangel se metía entre las zarzas, cerca de los astados buscándome, y por fin, aparecí en lo alto del camino, con las orejas echadas hacia atrás corriendo angustiado y alegre a la vez por haberlos encontrado. Sé que Tuteli nunca me habría  abandonado a mi suerte bajo aquella tormenta tan ruidosa. ¡Lo sé!
«¡Oh, Monty!»
¡Cómo me gusta cocinar con Tuteli! Y eso que ya no me da trozos de verduras como cuando era pequeño. Dice que tengo sobrepeso y para la displasia  es mejor  perder unos kilitos. ¡También le sobran algunos a ella! ¡Y a Tumiguelangel! Aunque también  se privan de comer, la verdad. Quiero ser  solidario con ellos, pero sigo mirando por si  cae algo…
«¡Adiós querido amigo», me has dado tanto!» —¡No Miteli, estoy aq…Mite…!
Oigo su voz  apenas perceptible… su mano cálida sobre mi lomo… Monty, Monty, miperritoguapo…










lunes, 30 de septiembre de 2019

Incansable


Terminada la jornada, la luz se aleja difuminando un  crepúsculo que viene  pidiendo su espacio. Ella, orgullosa de su fuerza,  se fue a iluminar  el otro medio mundo.

Sabe que llegará un nuevo amanecer para ese lugar. Que no necesita del  penetrante sonido del despertador  que,  como  aguijón de una abeja hambrienta, la saque del letargo del sueño  que nunca tiene…, y que comenzará  un nuevo día con renovada  resistencia  para afrontar  la adversidad o la fortuna que trae  la  vida.

Llena de  confianza, se desvaneció entre los rayos del sol, eterno compañero.




VOLUMEN V - SÉPTIMO AÑO  -CINCO PALABRAS-
RELATO  SEPTIEMBRE (IV): LUIS GARCÍA MONTERO @LGM_COM @INSTCERVANTES

PALABRAS OBLIGATORIAS:
LUZ  DESPERTADOR   RESISTENCIA  VIDA  CONFIANZA

Estilo 1940


No sale de su asombro. A pesar del tiempo transcurrido, no comprende por qué ha sido abandonado… Impertérrito, bajo una capa de bronce,  continúa esperando a ser recogido.
Allí, en la sempiterna fila, hace compañía a tantos otros de tamaños y formas diferentes, que al igual que él,  mitigan el sufrimiento de  soledad, inmersos en una espera  carente de  alegría.
Incluso él,  de  rojo  natural que no teñido, el más bizarro,  ha perdido  intensidad a la intemperie, dura como  la vida.
Ahora, en blanco y negro, con la esperanza intacta, celebran a orillas del Danubio, otro aniversario de su pérdida.



Palabras obligatorias:   ASOMBRO   COMPAÑÍA  SOLEDAD  ALEGRÍA   ROJO


martes, 6 de agosto de 2019

Especie en extinción



Creyeron en un principio que  AUNAR voluntades era el camino  para conseguir llevar la nave a  buen puerto, donde encontrarían provisiones en abundancia.  Pero el ESFUERZO y tiempo empleado se diluyó como agua de lluvia en los cristales.

La TRIPULACIÓN,  aturdida,  manifestó sus diferentes criterios que no convencieron al  resto del  COLECTIVO  que, desorientado, no  supo qué camino tomar.

Cada elemento se echó a volar  hacia  su propio objetivo, sin  brújula ni PROTECCIÓN. 

Fue el principio del fin de aquella  nueva  variedad de langosta.



domingo, 4 de agosto de 2019

Me acuerdo



Me acuerdo de aquella mirada. La tuya.
Ilusionada, chispeante, maravillosa.
Cuando tus ojos echaron la vista atrás,
comprendí que,  nada, ni nadie podía
 ya pararte.
Me despiertan los gritos de mis huesos.
¿Tan mayor soy?

sábado, 12 de enero de 2019

¿Por qué es interesante visitar Las Ciudades Imperiales durante la Navidad y el fin de año? I


Empecemos por Praga.



Porque  cada rincón, cada plaza, cada espacio es una estampa. Y cada calle un catálogo completo de fotografías que puedes conseguir por ti mismo.

Porque el calor de sus gentes diluye la nieve, y el hielo, y el frío, influyendo a que tu estancia sea agradable y divertida.

Porque la decoración con motivos y mercadillos  navideños  la hacen diferente de cualquier otra estación, en la  que seguro no dejará de ser preciosa.

Porque es una ciudad cómoda y fácil de recorrer a pie,  que es como a  nosotros nos gusta, y como conseguiréis vuestra colección pictórica.

Porque conserva su  pasado imperial, que contrasta con la sencillez de sus gentes.

Porque tiene muchísimos puntos de interés para visitar. Muy recomendable utilizar un “Tour Free” para ello. Guías voluntarios que te conducen durante dos horas y media por lo más típico, te cuentan sus leyendas y su historia,  a cambio de tu voluntad.

Y luego, callejea disfrutando de la peculiaridad que ofrece  (por ejemplo) la configuración del “Barrio judío” y los motivos que lo diferencian, las casas que  se distinguen por  el símbolo del propietario,  el templo construido por diferentes familias al margen de la “iglesia”…

Y mucho más...