Tras varias horas dormida, llegó al mar y buceó en sus cálidas aguas turquesas, hasta encontrar el barco pirata unos metros más allá de donde indicaba el mapa. Recorrió el pecio saqueado. ¿Había sido otro embuste?
No se lo podía creer. Juró por lo más sagrado que nunca más
le mentiría. Con ojos febriles llegó al
oeste donde quería contratar un pistolero.
Lo encontró.
Pero el bandolero le convenció de que se había adentrado en
un lugar equivocado y que, si se dirigía hacia el arrecife de coral, le sería más
provechoso.
Regresó rica, siempre en sus cabales.

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